Chile necesita un plan de observación de la atmósfera

Hay quienes dicen que los desastres naturales no existen, que no tienen nada de naturales y más bien son responsabilidad del ser humano. Esta idea siempre me queda resonando al ver calles completamente inundadas, colegios anegados, casas arrasadas por las corrientes de un río, agua potable claramente imbebible, y en el peor de los casos víctimas fatales producto de un aluvión . ¿Por qué aún, en el año 2016, en la era de la inteligencia artificial, de los autos eléctricos, de la robótica, seguimos con los mismos desastres “naturales” producidos por lluvias?

Una parte de la respuesta es evidentemente política. Hay gente con determinados cargos que debe tomar decisiones, las cuales deberían considerar información técnica y cuantitativa, la que a su vez debe estar disponible en el momento preciso y expresada de forma clara. La otra parte de la respuesta proviene de los agentes que diseminan la información, que en este caso son pronósticos meteorológicos. Aunque en mi opinión la Dirección Meteorológica de Chile (DMC) ha desgastado su reputación, producto de pronósticos de precipitaciones imprecisos en el pasado, creo que esta vez acertaron en que el evento seria de magnitud considerable. No obstante, el pronóstico aún fue pobre en cuanto a la distribución espacial (el dónde) y magnitud del evento (el cuánto).

Veamos algunos antecentes. El miércoles 13 de abril el pronóstico de la DMC proyectaba un evento entre 30 y 60 mm para el viernes 15 en la Región Metropolitan y de O’Higgins  (La Tercera). El jueves 14, el conductor del programa de radio BioBío “Podría ser peor” le expresa su sorpresa al jefe de turno de la DMC Arnaldo Zúñiga porque aún no se perciben lluvias en la capital, aunque el entrevistado insiste en que las precipitaciones se concentrarían entre viernes y domingo. En esta misma instancia Zúñiga declara que el pronóstico para la capital disminuye su rango entre 20 y 40 mm. Las redes sociales rapidamente se manifestaron para hacer saber lo exagerado del pronóstico capitalino debido a la ausencia de precipitaciones fuertes. Sin embargo, el viernes 15 la Región de O’Higgins ya sucumbía ante el desbordamiento del río Tingiririca. Más tarde, el  domingo 17 de abril los medios de comunicación informan del corte de agua en la mayoría de Santiago, calles anegadas en el centro de la capital y un fallecido en el Cajón del Maipo.

fuente: guioteca.com
fuente: guioteca.com

Nuevamente las condiciones meteorológicas son titulares de medios por las consecuencias y los costos económicos y humanos que tienen. Claramente, la anticipación y planificación para el manejo de eventos meteorológicos extremos y la información que alimentan los modelos de pronóstico son clave en estas situaciones. Para ello Chile necesita un plan de observación de la atmósfera.

Un plan de observación de la atmósfera consiste en implementar una red con instrumentos operacionales, es decir que se dediquen 24 horas del día, los 7 días de la semana y localizados en el mismo lugar. Dada la complejidad de la atmósfera, estos instrumentos deben observar un amplio rango espacial y temporal. Particularmente en eventos de precipitación y especialmente cuando ocurren en lugares montañosos, como lo es todo el territorio nacional, dicho plan ayudaría a mejora los actuales pronósticos.

Por ejemplo, los modelos numéricos de pronóstico meteorológico que usa la DMC (WRF y MM5) se alimentan de distintas observaciones, que en lugares como Estados Unidos y Europa abundan, pero que en Chile son un bien escaso. Así, en Chile estos modelos pronosticarán una situación en el futuro basados en escasa observación de superficie (por ejemplo, estaciones meteorológicas) y radiosondeos (globos con instrumentos meteorológicos). Como contra ejemplo, en Estados Unidos, Europa y Japón (entre otros países de la OCDE) los modelos numéricos son alimentados con una variedad de observaciones provenientes de radiosondeos y estaciones de superficie, pero además de perfiladores de viento, disdrómetros y quizás lo más importante en el caso de precipitaciones: radares meteorológicos.

Hoy en día Chile cuenta con sólo 3 radiosondeos oficiales para todo el territorio nacional (Antofagasta, Santo Domingo, Puerto Montt, a los cuales se puede acceder aquí) ¡Sólo 3 radiosondeos para un país que se extiende mas de 4000 km y abarca el planeta aproximadamente desde la latitud 18 a la 56 con una variedad de climas!

La situación de estaciones de superficies no es mejor. Chile, por ser un país montañoso necesita tener una gran cantidad de estaciones de superficie dado que las montañas modifican fuertemente los patrones espaciales de viento y temperatura. Por ejemplo, si mido velocidad del viento y temperatura a un lado del cerro, al otro lado estos valores serán completamente distintos (multipliquen eso por el número de cerros que hay en Chile).

Otros instrumentos más avanzados y necesarios para mejorar los pronósticos de precipitaciones son los perfiladores de viento. Chile cuenta con cero perfiladores de viento operacionales. En mi conocimiento, el único existente es utilizado con fines científicos por la Universidad de Chile (Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia). Los instrumentos con fines científicos responden a objetivos científicos, es decir pueden moverse de lugar, apagarse durante determinado tiempo, cambiar su configuración, etc. Un perfilador de viento operacional, permitiría determinar continuamente la dirección y magnitud de los vientos hasta una altura por sobre los 2 km sobre el nivel del mar. Con esto, los modelos numéricos contarían con mejor información sobre las condiciones iniciales del viento. En contraste, las 3 radiosondas mencionadas también proveen de esta información pero cada 12 horas.

Los instrumentos antes mencionados (estaciones de superficie, radiosondas, perfiladores de viento) sirven para múltiples propósitos en las operaciones de una oficina de meteorología. Sin embargo, instrumentos como los disdrómetros y radares meteorológicos son particularmente útiles para entender y predecir el comportamiento de las precipitaciones. Un disdrómeto entrega el número y tamaño de las gotas de lluvia por minuto. Con esto podemos saber la intensidad de la lluvia (por ejemplo mm/hr) y también los procesos microfísicos (formación de gotas de lluvia) que ocurren en las nubes, con lo cual podemos calibrar mejor los modelos numéricos.

Radar NOAA en Phoenix
Radar NOAA en Phoenix

Los radares meteorológicos existen aproximadamente desde 1940. La tecnología ha ido mejorando y disminuyendo su costo. Existen radares de largo y corto alcance y de distinto ancho de banda, que permite observar gotas de lluvia más grandes o más pequeñas sin atenuar la señal del radar. Un radar meteorológico es capaz de escanear la atmósfera horizontal y verticalmente, permitiendo observar en tiempo real el avance y desarrollo de los sistemas de precipitaciones que avanzan acoplados a los frentes fríos. Si la atmósfera es inestable y se generan precipitaciones convectivas (precipitaciones fuertes que duran poco tiempo) un radar permitiría localizar y seguir el avance de la tormenta. Como dije, todo esto en tiempo real. En países como Estados Unidos, donde la gente depende de los radares, existen aplicaciones para iPhone y Android que los ciudadanos utilizan diariamente para planificar y tomar decisiones.

Un plan de observación de la atmósfera permitiría definir estratégicamente la adquisición, mantención y utilización de instrumentos meteorológicos claves para la anticipación y el manejo  de desastres naturales, y a la vez ser un soporte para el desarrollo económico del país.  También permitiría contar con una base de datos pública y disponible de forma gratuita y en determinados formatos ayudando a la compresión de la información al público general y para la comunidad científica, tal como lo hacen agencias estatales como NASA y NOAA de Estados Unidos.

El plan de observación de la atmósfera que necesita Chile es necesario para pronosticar con mayor precisión y manejar de mejor forma los desastres asociados a precipitaciones extremas como fue la “Tormenta de Atacama” que causó 7  muertes y 11 mil damnificados; o para mejorar la capacidad de pronóstico y análisis en caso de dispersión de contaminantes atmosféricos, como el caso del incendio del vertedero Santa Marta; o para determinar y pronosticar con mayor certeza el desarrollo y avance de incendios forestales, los cuales pueden variar drásticamente dependiendo de la dirección y velocidad del viento.

En Chile estamos atrasados en cuanto a nuestro sistema de observaciones, especialmente si creemos, o le hacemos creer al resto del mundo, que somos un país desarrollado. Como ejemplo Argentina, sin ser miembro de la OCDE, tomó la iniciativa de crear su propio radar meteorológico y satisfacer la demanda que tiene la ciudadania y la industria por información meteorológica.

Pero, realmente ¿por qué Chile no cuenta con un plan de observación de la atmósfera? ¿No existe el presupuesto? ¿No es relevante para el país? ¿El costo sería mayor al beneficio? ¿No tenemos a los profesionales calificados para utilizar tales instrumentos? Podría especular con varias de estas preguntas y más reflexiones que quizás no hemos abordado, pero el punto es que no podemos seguir traspasando costos a la ciudadanía por nuestra falta de información y adecuada prevención de los eventos meteorológicos que ocurren.

 

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